Del latín rhythmus, el ritmo es un orden acompasado en la sucesión de diferentes elementos. Se trata de un movimiento controlado que se produce por la ordenación de elementos diferentes.
El ritmo es considerado uno de los tres elementos de la música, junto a la melodía y a la armonía. Es el elemento más primario y básico con el que primero nos relacionados y sobre el que podemos construir la música. El ritmo es un patrón que se repite, que organiza la música, que ayuda a prever lo que va a suceder y que nos conecta con el movimiento.
Además de ser el elemento primordial de la música, considero que el ritmo es el elemento fundamental de la vida. El ritmo está en todo aquello que nos rodea, en nuestro cuerpo y en la naturaleza con sus ciclos y repeticiones de los acontecimientos.

El bebé en el vientre materno siente el ritmo del corazón de su mamá y los ritmos de los órganos, esto proporciona seguridad y calma.
Nuestra respiración es completamente rítmica, inhalamos y exhalamos constantemente, sin parar, en ciclos regulares…, cogemos lo de fuera, lo elaboramos dentro y soltamos lo que ya no necesitamos. Cuando este ritmo deja de ser regular comienzan los problemas, algo no va bien…
El corazón es el pulso de nuestro cuerpo, late a una velocidad, que es la nuestra propia, en momentos se acelera si corremos, estamos nervios@s, enfadad@s, y en otro momentos baja el ritmo como cuando estamos descansando o durmiendo.
Las mujeres vivimos nuestro ciclo menstrual, en el que vamos atravesando diferentes momentos con maneras de estar y de sentir diferentes, ya que dentro de nosotras están ocurriendo cambios. Y esto se repite cada ciclo.
Las etapas de la vida: nacimiento, infancia, adolescencia, adultez, vejez y muerte, también nos muestran un ejemplo del ritmo y los ciclos en el desarrollo de una persona.
En nuestro cuerpo emocional también está presente el ritmo. Una emoción o situación que nos atraviesa trae un proceso que transitamos con sus fases, con su inicio y su final.
Las relaciones interpersonales donde encontramos un ritmo entre el escuchar y expresar, dar y recibir, son más equilibradas y armoniosas, y posiblemente nos encontremos más tranquil@s en ellas.
La naturaleza nos muestra su cualidad rítmica cada día. La alternancia del sol y la luna crean un ritmo sobre el que poder vivir con nuestros ciclo: estar despiert@s y dormid@s.
El transcurrir del tiempo: los años, los meses, las semanas, los días, las horas, minutos…, es la estructura rítmica sobre la que organizamos nuestra vida.
La lunación o ciclo lunar, los movimientos de la tierra, de los planetas…, todo es rítmico.
Al igual que las plantas crecen a un ritmo, que es imperceptible para nosotr@s en general, ya que solo somos conscientes de aquello que vemos: las flores, la caída de la hoja…, pero para que estos procesos ocurran, existen otros procesos internos no visibles a nuestro mirada, que se despliegan de manera rítmica: el descanso de la tierra, el germinar de una semilla…
Conocer y entender los ciclos y ritmos vitales externos e internos nos ayuda a conectarnos con una manera de vivir más propia y acorde a nuestro ser (físico y emocional) y así poder vivir la vida con mayor plenitud, desde un lugar más respetuoso con nosotras mismas.
La música y en concreto la percusión, por su cualidad rítmica intrínseca es un canal directo a conectar con el ritmo, nos trae la posibilidad de relacionarnos con este elemento desde el juego, la escucha y la comunicación. Entrar en el ritmo musical nos permite despertar nuestro pulso y ritmo interno. Tocar con otras personas promueve la comunicación y el encuentro de los ritmos propios para crear un ritmo común, y de esta manera generar vínculos y sentimiento de pertenencia.
Quiero acabar con esta frase del pedagogo Edgar Willems donde nos expone que la música y sus elementos viven dentro de nuestra naturaleza.
«La música no está fuera del ser humano sino dentro de él… He descubierto que la fuente de la vida de los elementos musicales: sonido, ritmo, melodía, armonía, improvisación y composición estaba no en el conocimientos de las enseñanzas escolares sino en el ser humano, en su múltiple naturaleza, dinámica, sensorial, afectiva, mental e ideal.»
